Alarde Irún

Origen histórico, del Alarde de San Marcial de Irún

Origen del Alarde de San Marcial de Irún

A punto de transcurrir los cinco siglos desde que tuvo lugar la Batalla de la Peña de Aldabe,que dio lugar a nuestro Alarde, no resulta vano recordar lo acontecido desde aquel ya lejano 30 de junio de 1522. El Origen del Alarde de San Marcial de Irún entronca con nuestras costumbres ancestrales, nuestros fueros y nuestra historia. Es ahora nuestra, la obligación de mantener el Alarde que heredamos de nuestros padres y transmitiremos a nuestros hijos.

 

El Alarde     

Para explicarnos la existencia del  «Alarde de San Marcial «, es necesario tener un mínimo de conocimiento de la Historia de nuestro pueblo. Y no solamente de la historia local, sino de la del Pueblo Vasco. Sin estos mínimos conocimientos el Alarde carece de sentido. Alarde, vocablo árabe cuya definición castellana es » revista de armas». Y efectivamente en esto consistieron los Alardes Vascos. En los más viejos libros de actas que se conservan en Irún, al convocarse el Alarde para el día de San Pedro, se añade: » para la muestra de armas y revista de gente «.  Eran los Alardes la única forma de milicia existente en el País Vasco. Los mismos eran convocados, cuando menos, una vez al año, y su organización era eminentemente municipal, con una amplia autonomía en cada localidad.

En caso de invasión, toda la Provincia se hallaba obligada  a defender su territorio. Para ello se alistaban personalmente todos los guipuzcoanos debajo de la bandera del pueblo, y se hallaban organizados militarmente y  provistos de armas. Todos los pueblos tenían a este efecto en sus respectivas Casa Consistoriales cierto número de armas de fuego y blancas, pífanos, tambores y demás enseres necesarios para la guerra, y hacían en épocas determinadas los Alardes, muestras de armas y revista de la gente. Con esta milicia permanente llevó a cabo Guipúzcoa sus defensas, tanto terrestres como marítimas.

Los respectivos ayuntamientos se veían obligados a pasar a las Juntas Generales el correspondiente parte de haberse realizado el anual y obligatorio alarde de armas.

Formaban en los mismos, con carácter obligatorio, todos los varones de cada localidad comprendidos entre los dieciocho y sesenta años, en la única compañía  al mando del alcalde respectivo, con la denominación de Capitán a Guerra, y el resto de los corporativos como sargento y cabos.

Cada localidad, villa, alcaldía o valle, realizaba el alarde únicamente con la bandera del lugar.     «Bajo su propia bandera», en expresión de la época. Esta era portada por el segundo cargo habiente, con la denominación de alférez. Todos los componentes del alarde vestían de paisano, por prescripción expresa de las Diputaciones. A excepción de Irún, el resto de la provincia lo realizaba el segundo y tercer día de Pascua del Espíritu Santo, según estaba mandado por Ordenanza.

El primer alarde tras la batalla de 1522, no fue Alarde de San Marcial, sino simplemente el anual y obligatorio alarde de armas, trasladado del día de San Juan al día de San Pedro. Habían de pasar varios siglos e importantes acontecimientos políticos hasta llegar al actual Alarde de San Marcial. Los alardes, antes de 1523, en 1523, y con posterioridad a 1523, hasta su desaparición en 1807, tuvieron todos, el mismo significado: cumplimiento de la milicia foral. Estos alardes locales se llevaban a cabo realizando ejercicios militares en las plazas de la antigua Universidad de Irún-Uranzu, y desfilar por algunas calles de la misma, finalizando con la entrega de la bandera en la Casa Consistorial. Al día siguiente, San Marcial, se subía en procesión a la ermita en cumplimiento del voto. Ni el alarde, ni la procesión, fueron precedidos, nunca, por una banda de pífanos y tambores.

Hasta 1807, los alardes no constituían fiesta alguna, sino milicias forales y obligatorias en todas las localidades de la provincia, y cuyo «Capitán de Guerra», mando supremo del alarde recaía por ordenanza en el alcalde de turno. Para percatarse de esta realidad, basta  leer las Ordenanzas Municipales de Irún, aprobadas en 1804 por Carlos IV.

 

Las milicias fórales  

El País Vasco no podía ser atravesado por las tropas reales sin el asentimiento de los Diputados Generales. El rey debía devolver todos los gastos que éstas hacían en calidad de anticipo, para los transporte de cargas y alimentación de los soldados alojados en las casas de los habitantes  del país. En caso de guerra,  el rey llamaba a todos los habitantes para la defensa del país. Las milicias forales cumplieron generosamente con su deber cuantas veces fueron convocadas. Guipúzcoa se envanecía de su exención del servicio militar, en virtud de su fuero y costumbre inmemorial, y de la originaria nobleza de sangre de sus naturales. Guipúzcoa formaba, pues,  una » República militar», siempre dispuesta a defender su territorio contra los enemigos de la corona.

La defensa de la provincia estaba bien entendida. Cada Casa de Concejo guardaba un pequeño arsenal o armería en donde se guardaban los fusiles, bayonetas, frascos para la pólvora y demás utensilios.

En caso de guerra,  El Coronel general mandaba las milicias de la provincia, y se entendía con los generales del rey, que comunicaban con él, » por vía de aviso, y no de orden».

Todo guipuzcoano podía ser reclutado para el servicio desde los 18 años hasta los 60.

 

La batalla de San Marcial

( La batalla de la Peña de Aldabe 1522)

 «Tentaron el pasaje de aquel vado en veinte y ocho de Junio, día sábado de este año de veinte y dos: pero como por una parte el Alcaide, Ochoa de Asua con su gente y artillería, y por otra parte los mismos naturales de Irún, y su tierra les defendiesen valerosamente el paso, no fueron partes, para vadear el río, antes les compelieron a retirarse dentro. »

Se hallaban en Irún dos Capitanes, que entretenían a la gente de la misma tierra y de Fuenterrabia, la que andaba fuera y de Oiarzun y Renteria y de su comarca a sueldo del Emperador con cada cuatrocientos hombres, y el uno se decía Juan Pérez de Azcue, vecino y natural de Fuenterrabia, de los más animosos y arriesgados Capitanes, que en este tiempo había en la nación españolaEstos dos Capitanes viendo dentro de la tierra a los enemigos, que a cuarto de legua se les había acercado, y considerando, si el castillo de Beoyvia, puesto en aquel peligro, se perdía, querrían los enemigos pasar adelante, a quemar y talar la tierraEntonces los capitanes replicando, después de largas persuasiones que le hicieron, que si él no quería hacer, que ellos por servir a su Príncipe, y defender sus mujeres y hijos y patria lo harían. D. Beltrán, viendo su valeroso ánimo, pasó a la Renteria, donde de nuevo consultaron la dificultad de la empresa, que ardua era. Con esto d. Beltrán, más por ver el ánimo de las gentes de la tierra que por conseguir su proceder, salió de la Renteria con la mayor parte de sus soldados, y obra de ciento y cincuenta hombres a caballo, haciendo este número los veinte y cuatro ginetes, que Ruiz de Rojas tenia en Irún, y llegando a Oyarzun, tomaron a nueva consulta, y como hallase allí aún más animo en las gentes, pasó  a la tierra del término de Irún, donde en un Valle llamado Alzubi de Legarra  (se refiere a la zona que se encuentra ente el caserío Legarrea, que se encuentra en los pies del monte Zubelzu y el alto de Arreche ),le mostraron el camino de las sierras, por donde seguramente podía caminar, a dar sobre los enemigos, sin ser visto ni sentido. En este puesto un viejo de la tierra llamado Pedro de Burutaran, aconsejó a D.Beltran, que subiese a la montaña, atadas las lenguas a los caballos, para que cesando con esto de relinchar, no suelen ser sentidos del enemigo. Así se hizo, como dijo el viejo.»

» Para esta sazón ya la gente de la tierra de las compañias del suelo de los dichos dos Capitanes Azcue y Ambuloide, y los demás de la tierra  de Irún y Oyarzun y Renteria que los unos y los otros sin las gentes de D. Beltrán serian obra de mil quinientos hombres: estaban grande animo congregados. A boca de noche comenzando a caminar con tal denuedo, que parecía mostrar el triunfo de la victoria, que esperaban, marcharon dos leguas hasta el otro valle llamado Saroya de Aguinaga, donde llegados dos horas antes del día, tornó D Beltrán a consultar el negocio, que siempre se le figuraba más difícil, que se le presentaba. »

Para engañar en el designio a los enemigos, mosén Pedro de Hirizar clérigo, vecino de Renteria que tenia oficio de tenedor de bastimentos, había comprado aquella noche más de cuatrocientos hachas de palo, de las que en toda esta tierra, para caminar de noche se usan, por que con su grande luz se puede caminar a placer en cualquier tiempo. Toda esa noche mosen Pedro, por orden que le había dado por dar a entender a los enemigos, que cargaría gente por la parte de Irún y hacerlos descuidar por la que el daño se les armaba, anduvo por el camino Real con estas hachas ardiendo, con mozos y mujeres que las traían, desde el alto del camino real, que dividen los caminos de Oyarzun y la Renteria hasta la plaza de Irún, que se distancia una legua, resultando este ardid y cautela en mucha utilidad; por como después los enemigos contestaron todo su recelo era por la parte de Irún, y no por el alto de la montaña, de donde les vino el daño.» . Entre los demás soldados, que en el alto de la monte quedaron,  había  otro Capitán, llamado Lope de Irigoen natural del mismo pueblo de Irún, hombre muy valiente y determinado, el cual en esta sazón estando haciendo el escuadrón de las gentes que el alto habían quedado, entendía la subida de los alemanes, acometiendo con su gente, tirando de las ballestas y espingardas, que iban en la vanguardia de la piquería y de las lanzas y rodelas que en este día y en los demás obraron siempre mucho.»

La  victoria fue alcanzada lunes a la madrugada treinta días del mes de Junio fiesta de Sant Marcial  de este año de veinte y dos  a mucha honra de la nación guipuzcoana y de su Capitán General Beltrán de la Cueva. El cual después en lo mas alto de aquella montaña, en memoria de este triunfo vino a comenzar a hacer una ermita, de la advocación de Sant Marcial, por haber en su fiesta alzado la victoria de esta batalla, a la cual por esto llamaron de Sant Marcial, y el pueblo de Irún vino después a acabar la ermita, como ahora está, con una casa pegada a la iglesia, donde viven de ordinario dos o tres beatas, para el servicio y la guarda suya.»

A consecuencia de la victoria de la Peña de Aldabe, se concedió a la Universidad de Irún-Uranzu la facultad de efectuar su anual y obligatorio alarde de armas el día  de San Pedro, 29 de Junio, en tanto el resto de la provincia, y mandado por Ordenanza, lo realizaban el tercer día de la  Pascua del Espíritu Santo.

El voto          

Dícese igualmente, que los cabildos secular y eclesiástico hicieron voto de subir anualmente, en procesión y acompañados por un escuadrón de mosqueteros, desde el pueblo a la ermita, para celebrar una misa en acción de gracias por aquella victoria, aunque nunca pudo encontrarse en el archivo municipal constancia alguna  del voto.  En un largo escrito que la Universidad de Irún-Uranzu dirigió a la Academia Histórica de Madrid, en 1785, como respuesta a doce preguntas formuladas por aquella institución sobre diversas materias concernientes  a la Universidad, puede leerse en una de ellas: «…los vecinos de Irún, quienes, á demás hicieron voto de ir, anualmente, ambos Cabildos Ecco. y Secular, en Procesión, a dicha Ermita, como se practica, asta oi dia, acompañados de una Escuadrón de mosqueteros, o, fusileros».  D. Serapio Múgica, en 1903,  en su Monografía Histórica de Irún, nos dice » los cabildos eclesiásticos y secular de Irún, hicieron voto de ir procesionalmente todos los años el día de San Marcial.»   D. Francisco de Gainza, rector de la parroquia de Irún a principio del siglo XVIII, nos revela la existencia de este voto. Transcribo íntegramente lo que al respecto refiere: » Y el pueblo de Irún no se contentó con haber hecho el reverente Culto de la Ermita al Santo; si no que también hizo voto de ir el día de su Festividad, que es á treinta de Junio, los dos Cabildos Eclesiástico, y Secular en procesión, que también les acompaña un Escuadrón  de Mosqueteros naturales suyos; y celebraran una Misa  solemne añalmente. Todo lo cual se observa, y executa infaliblemente dicho dia en accion de gracias, y para perpetua memoria.» En el informe que la Corporación local envía a la Diputación, refiriéndose a la procesión de San Marcial, y expresándose en primera persona, según costumbre de la época, dice así:  » acostumbro desde entonces hacer procesión a ella todos los años el día de su festividad con compañías formada, bandera y Caja militar conforme al establecimiento antiguo que deseo seguir perpetuamente para noticia de lo acontecido». Con todas estas muestras externas de religiosidad, nada sorprende la veracidad del voto de 1522.

 El Alarde de San Marcial 

Tras la Guerra Civil y las funestas consecuencias que la misma  supuso al Pueblo Vasco, el ayuntamiento de Irún trata de celebrar con algunos festejos los días de san Pedro y San Marcial, del año 1878. El 26 de Junio se recibió un telegrama del Gobernador Civil de Guipúzcoa, en el que se comunicaba que » la preciosa vida de S.M. la Reina se halla en eminente peligro»,  por lo que el ayuntamiento acordó suspender los mencionados festejos.

Al siguiente año de 1879, y en acta correspondiente al 11 de Junio, se lee:  » El ayuntamiento acordó se celebre la fiesta popular de San Marcial, según era costumbre antes de la ultima Guerra Civil excepción hecha del alarde, y que se encarguen fuegos  artificiales por valor de trescientas setenta y cinco pesetas.»

De lo ocurrido en 1880, podíamos sacar muy pocas consecuencias si nos basáramos, exclusivamente, en recoger la referencia del acta que habla de las fiestas, el 19 de Junio, que dice así: » Quedó a cargo de la Comisión  de festejos el fijar los que han de verificarse con motivo de las fiestas de San Marcial.». Este año de 1880 acompaño a la procesión de San Marcial un » Alarde» de 30 ó 40 mozos con escopetas de caza, al igual que se hacía con anterioridad a la ultima guerra civil.

Es para el año 1881 cuando los irundarras dan forma a un nuevo » Alarde», sin duda, festivo, mas lleno de vistosidad y contenido histórico. Es lo que ahora conocemos con el nombre de Alarde de San Marcial.

Después de recibir por parte del Gobernador  Civil de Guipúzcoa el permiso  para celebrarse el primer Alarde de San Marcial. Veamos ahora  en qué consiste el mismo. No está concebido tal y como fueran los alardes de antaño, es decir, formando una sola compañía. No obstante, recoge otros aspectos de las formaciones de las milicias forales.

En principio, forman ocho compañías de infantería, en representación  de los siete barrios existentes en Irún, más la correspondiente al «Pueblo», en recuerdo de los alistamientos llevados a cabo en tiempos forales. Cada compañía va al mando de un Capitán, y como Jefe de todas ellas, y formando al frente de las mismas, un Comandante de Infantería.

Tras la ultima de estas compañías, el cañón portado desde San Sebastián, con un cabo y cuatro artilleros del Ejercito regular. Al mando de todas estas fuerzas, el primer teniente  alcalde del ayuntamiento. Asimismo, es el concejal correspondiente quien porta la enseña de la Ciudad.

A este Alarde le precedía  una escuadra de hacheros y una banda de música con algunos tambores. Y decimos » preceder», y no formar parte del mismo, porque ni en los alardes, ni en los posteriores Tercios Guipuzcoanos, existieron jamás ni unos ni otros.

¿ Cuál fue, por tanto, el motivo de creación de esta escuadra de hacheros y la banda de música? Esta segunda ofrece una explicación más cómoda. Ya en 1860, » la música de aficionados», acompañaba a la procesión del día de San Marcial. Posiblemente fuera esta tradición la que determinara que,  en adelante, la banda  » precediera «, al Alarde.   En cuanto a la Escuadra de Hacheros, la única explicación lógica para que esta escuadra » precediera» al Alarde, pudiera ser, en recuerdo de los gastadores-zapadores que antaño reparaban el camino de San Marcial, para el paso del Alarde y la procesión.

Describiendo este Alarde de San Marcial, es obligado referirnos a la indumentaria pensada para el mismo. En él se han conjuntado la tradición histórica y la vistosidad de cara al futuro.

El jefe nato del Alarde- en los libros de actas no se llama » General» hasta el año 1924- viste con el uniforme de gala de los antiguos alcaldes guipuzcoanos. Mas tarde, y posiblemente por la denominación de «General» que le adjudicó el pueblo, agregó a éste uniforme el fajín rojo con borlas de oro.

En la Infantería existe un único uniforme para el Comandante, Capitanes,  Sargentos, Cabos y soldados: Boina encarnada, chaqueta negra, camisa y  pantalón  y alpargatas blancas. Posteriormente se adoptaron las alpargatas blancas con cintas negras de la artillería. Dice Múgica en 1903, que «es también de reglamento que lleven faja de color y corbata de seda». En una fotografía del Alarde de finales de siglo XIX, la infantería, posiblemente al regreso del monte, viste pañuelo al cuello, como se lleva hoy en día.

Los músicos y los hacheros llevan el mismo uniforme que la infantería,  únicamente se distinguen a estos últimos por su armamento y en que llevan un mandil de cuero y en el brazo galones de soldado preferente,, con la consabida aspa formado por el pico y la pala.

Otra novedad importante:  la presencia de una Cantinera en cada compañía de Infantería, en un homenaje a la mujer irundarra.

Este fue el primer Alarde de San Marcial.

 

 Modo de realizarse el Alarde  

Reuníase la «tropa» en la Plaza de Urdanibia.

Revisadas las fuerzas por el Comandante, éste pasaba el parte al General, en la vivienda de éste. Téngase en cuenta que,  en aquella época, aún no había comenzado el ensanche de Irún, y su población se reducía al actual casco viejo y los edificios cercanos a la parroquia de Santa María del Juncal.

Seguidamente, las fuerzas del Alarde se dirigían  a la de San Juan Arria, donde más tarde el general hacia la entrada a caballo. El comandante, a pie,  le daba la novedad. Inmediatamente se tocaba llamada de Capitanes. A esta llamada acudían única y exclusivamente, los capitanes de las compañías de Infantería.

A continuación, la compañía de Bidasoa se dirigía  hacia los «arkupes»  del ayuntamiento, a recoger la bandera de la Villa, portada por el concejal correspondiente.

Una vez incorporada  al Alarde la bandera de la Villa, estas fuerzas, en correcta formación, se dirigen a la plazoleta de la Parroquia de Ntra. Sra. Del Juncal, a recoger al cabildo Eclesiástico. Al iniciar el Alarde esta marcha, las campanas  de todas las iglesias de la Villa eran lanzadas al vuelo. Al incorporarse el clero y la procesión, su presencia era saludada con una cerrada salva.

El Alarde y la procesión se dirigen a la Plaza de San Juan Arria, siguiendo el itinerario de las calles Escuela e Iglesia. Desde aquí, y a la altura de la actual imprenta Tolosa, el Alarde tomaba el camino hacia la Plaza Genaro Echeandia, atravesando una estrechísima y típica calle – hoy desaparecida- conocida con el nombre de General Freire, y que anteriormente fue Travesía de las Escuelas. Desde Genaro Echeandia continuaba por Fueros y Mayor, hasta desembocar en la Plaza de San Juan Arria. La procesión llegaba a esta plaza directamente desde la calle Iglesia.

El clero, con la cruz alzada y los estandartes, y la Corporación municipal, situábanse al pie de la histórica columna, símbolo de los deseos de independencia municipal irundarra. A su paso frente a la  columna de San Juan Arria, deteníase cada compañía para realizar la descarga correspondiente, compitiendo todas ellas en su grado de adiestramiento.

Finalizadas estas descargas, el Alarde se dirigía a la ermita Santa Elena, donde se deshacía la procesión. En esta ermita quedaban  depositados los estandartes, y el párroco se despedía de la capa y los sacerdotes de las pellizas.

En tanto los asistentes a la procesión,  y el publico en general, se dirigían a San Marcial, por distintos caminos, el Alarde, en formación y paso de marcha, ascendía a la histórica ermita situada en la antigua Peña de Aldabe, para asistir al santo sacrificio de la misa. Finalizada esta tenia lugar una alegre romería.

Hacia el medio día volvía a formarse nuevamente, y, tras desfilar en la cumbre del monte, el Alarde descendía a la ermita de Santa Elena, donde se organizaba la procesión para el regreso. Entregando el Cabildo Eclesiástico en la Parroquia de Ntra. Sra. Del Juncal, las fuerzas tornaban a la plaza de San Juan Arria, donde tras la entrega de la enseña de la Villa  a la Casa Consistorial, finalizaba el Alarde, marchando cada compañía a su barrio respectivo. Este final era conocido con el nombre de «Desfile».

 

Este es, a grandes rasgos, el Origen del Alarde de San Marcial de Irún que ahora conocemos, amamos y respetamos.

 

                                    

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